Anécdotas Orquesta de Córdoba

Una de las anécdotas más graciosas nos pasó una noche en la que volvíamos de regreso a casa con el autobús de la orquesta después de un concierto en Ubeda.

El conductor del autobús Pérez Cubero estaba estrenando un GPS y había programado la ruta de regreso.

Salimos de Ubeda y enseguida cogimos una carreterucha rara que se ponía cada vez más estrecha y revirada. Algunos nos empezamos a dar cuenta de que no estábamos en la nacional N-322 que es el camino normal y lógico, pero el conductor no decía nada, sonreía para sus adentros como diciendo "esperar y vereis que atajo más bueno me ha dicho el GPS".


A los 10 minutos de recurvas, la gente ya se empezó a mosquear seriamente, además de que la mayoría se estaban mareando porque el autobús había cogido una comarcal que subía por un puerto y trataba de ir lo más deprisa posible para demostrar que su teoría del atajo iba a ser mejor que la ruta convencional. Además, como la sensación de riesgo en esa carretera estrecha era evidente, pues las protestas fueron subiendo el tono y el conductor tuvo que calmar al personal.

" Tranquilos, que vamos bien !!. Ya se acaban las curvas.", y efectivamente después de un rato llegamos a un pueblo de la provincia de Jaén, "El Marmol". Aquí el GPS seguía marcando recto --->, con lo que el hombre decidido entró. Pero la cosa se puso mal porque claro, la calle de una aldea no está pensada para autobuses de 12 metros de largo y así tuvimos que maniobrar despacio entre las casas sorteando balcones y farolas, raspando las paredes de las casas del pueblo.

Al final con algunos rasguños consiguió pasar el pueblo, todo un mérito, porque llegó un momento en que nos veíamos atrapados sin poder ir ni adelante ni atrás. Pero al salir del poblado y coger la siguiente curva el conductor pegó un frenazo brusco porque se topó de bruces con la carretera cortada por una puerta que daba a un campo de olivos... Entonces el desmadre fue total... , y os podeis imaginar las risas y cachondeos con el atajo del conductor y su GPS. En ese momento de histeria colectiva hubo que imponer un poco de orden porque ahora había que volver, atravesar el pueblo otra vez, las curvas y la carreterucha... y el conductor ya estaba totalmente en ridículo pero no había tampoco que ponerlo más nervioso porque dependíamos de él para dar la vuelta al autobús y salir de ahí sanos y salvos. Además en ese pueblo no había cobertura de movil y la cosa se ponía fea si el autobús se atascaba.

Total que al final después de otra ronda de rasguños y desvelos consiguió salir del pueblo (el conductor era excelente maniobrando, todo hay que decirlo ) y volvimos a Ubeda a coger la nacional como dios manda.

La risa nos duró todo el viaje.