Cuando la muerte llega de repente

Hace 10 años perdió la vida nuestro compañero Harut Aroutinian en un accidente de autobús. Volvían desde Gijón, donde había participado en una zarzuela organizada por la compañía lírica española.

Después de la función salieron por la noche para llegar de madrugada a Madrid. Casi cuando faltaba poco para llegar, sobre las 6 de la mañana, en un tramo totalmente recto de la autovía N-VI a la altura de la localidad de Orbita, el conductor cerró los ojos por un momento y se quedó dormido.

Fueron sólamente unos pocos segundos, los suficientes para que el autobús sin una mano firme que le sujetara poco a poco se fuese desviando hacia el arcen derecho rumbo a la tragedia.

Según relata una testigo superviviente, fue todo muy rápido. La gente iba durmiendo y no se enteró de nada, hasta que el autobús en el barro ya fuera de la carretera empezó a pegar botes. Entonces alguien se despertó y pensando que se iban a estrellar contra unos árboles empezaron a gritar, con lo que el conductor volviendo en sí de repente dio un volantazo para intentar dirigirse de nuevo hacia la carretera, haciendo que volcasen y finalmente estrellándose contra el suelo de la mediana de la autopista.

La gente por la fuerza de la inercia fue catapultada hacia afuera por las ventanas, cayendo al suelo mientras el autobús volcaba de lado y caía también sobre ellos aplastándolos.

De las casi 20 personas que viajaban murieron prácticamente en el acto 7, entre ellas Harut, mientras que otras 12 quedaron atrapadas debajo del autobús heridas. El conductor se salvó y confesó que había "cerrado los ojos por un momento". 

Al mes siguiente, yo estuve en el sitio del accidente. Allí vi todavía las huellas recientes enormes del autobús que salían entre el barro del lateral de la carretera unos pocos metros y se iban alejando hasta que desaparecían bruscamente. En la carretera no había nada. Sólo me fijé en un tramo del guardarail que estaba nuevo recien puesto. Ahí supuse que fue donde finalmente paró el autobús volcado sobre el suelo y murieron todos.

Tratando de buscar las causas al accidente, me pareció al principio increible que en tan pocos metros pudiesen morir todos así de esa forma tan horrible. Yo creo que si el conductor no hubiese dado el volantazo, no habría pasado nada y el autobús se habría parado por sí solo a los pocos metros atrancado en el barro. Faltaba mucho para llegar a los árboles. Pero como la cuneta estaba en bastante pendiente, al tratar de girar las ruedas por la intención natural de volver al asfalto, el autobús con la inercia que llevaba terminó fuera de control cruzándose en la carretera y volcando.

Esa madrugada acabó en ese punto la vida de Harut. Era una gran persona. En sus últimos años en la orquesta se sentaba conmigo a mi lado y hacía su trabajo como un buen profesional. Nunca tenía malos modos con nadie, siempre dispuesto a ayudarte en todo y era muy respetado. Por eso fuimos tantos los que lamentamos su muerte en su funeral. A mi me resultó especialmente duro el concierto de temporada que hicimos después de su entierro, dejando su silla vacía con unas flores a modo de homenaje.

La muerte siempre resulta dolorosa y difícil de asimilar, pero cuando llega así de repente es especialmente trágica.

Un recuerdo para Harut. Descansa en paz.