Beethoven en la cárcel

Hoy hemos tenido uno de esos conciertos que te dejan con una sensación especial.
Dentro del proyecto social para llevar la música a la gente más desfavorecida hemos ido a tocar a la cárcel de Córdoba, y los presos han hecho de público.

El día empezó con un montón de preparativos de seguridad porque no podíamos llevar metales, objetos afilados, preparando la documentación..etc...


Entramos en el recinto y dejamos los DNIs a la entrada, entre las típicas bromas de que a lo mejor alguno ya no salía de allí y tal...:), para luego pasar por los arcos detectores, hasta que pasando la franja de las verjas llegamos al primer patio.

Al principio impresionaba un poco. No todos los días tiene uno la oportunidad de visitar una cárcel y a mi esa franja de tierra vacía entre mallas metálicas con espinos me recordaba un poco a las fronteras del muro de Berlín durante la guerra fría. Empezaba uno a tomar conciencia de que estaba realmente entrando en un recinto de prisioneros.

Vallas a la entrada
Pero luego una vez pasado un gran portón, dentro del espacio propio de la cárcel la verdad es que nos sorprendió bastante, porque claro, siempre tienes en la mente la idea como en las películas, de las cárceles llenas de barrotes, puertas enrejadas, tipos duros de policías armados hasta los dientes, estrechos pasillos deshumanizados y torres de vigilancia con francotiradores.
Y sin embargo eso parecía un espacio como si estuviéramos en una especie de colegio grande, con las paredes pintadas de colorines y dibujos, puertas que se abrían por las que se podía entrar y salir, amplios patios con jardines, todo muy limpio y ordenado. El mismo sitio donde tocábamos era un pequeño auditorio, bastante digno con un aforo de más de 200 espectadores

Nos preparamos en nuestros sitios y cuando se deslizó el telón nos quedamos cara a cara con los relusos que ya habían entrado. La obertura de Mozart empezó a sonar, luego la sinfonía de Beethoven, y todos se acomodaron para escuchar la música como en un concierto normal y corriente.


Cierto que para nosotros fue una sensación extraña al principio, pero luego si no pensabas en dónde estabas realmente, ni en las posibles causas que habían llevado a esas personas el estar allí, pues parecía como si estuvieras tocando en un centro cultural de cualquier otro lugar.

El público aplaudió con pasión y naturalidad, y disfrutaron del concierto.

Al final, salimos de allí tranquilamente, con una nueva experiencia adquirida, y que ciertamente a muchos les puede llevar a reflexionar sobre cómo funciona nuestra sociedad y el significado de algunos valores.