Música por el espacio

En la sonda espacial Voyager I que viaja ya fuera de nuestro sistema solar hacia lo desconocido, hay un mensaje de nuestro planeta. Imágenes y sonidos como muestra del arte humano.
Y entre ellas una interpretación de Glenn Gould tocando J.S.Bach.

Es increible cómo este hombre logra transformar las armonías percusivas del clavicembalo en melodías cantábiles. Porque es verdad que hay dos maneras de hacer sonar una partitura. Unos pocos consiguen llegar al alma del oyente y la mayoría de los otros se quedan tocando una nota detrás de la otra.

Aquí Glenn Gould toca el preludio y fuga número 14 del segundo libro del clave bien temperado, en una grabación de los años 70.

 
 
Nació en Canadá en 1932 y fue en lo personal un genio introvertido con un talento prodigioso, para el que sólo existía su música por encima de todo. Se ha dicho que podría haber tenido síndromes autistas que le hacían repeler toda socialización y que le llevaron pronto a dejar las salas de conciertos porque no quería entrar en "la competición de los concertistas", para meterse en un estudio y concentrarse nada más que en grabar obras para piano solo.

Tenía una manera de ser especial. Iba siempre vestido a todas partes con un abrigo, bufanda, gorra y guantes aunque hiciese calor, porque en realidad tenía problemas para calentar su cuerpo debido a que padecía de fibromialgia. Cuentan que como anécdota curiosa, una vez fue arrestado en un parque de Florida porque la policía le confundió con un vagabundo.

No quería contacto con desconocidos y rechazaba dar la mano para saludar o para recibir las numerosas felicitaciones del público que le escuchaba, porque tenía miedo a que le pudieran lesionar o fracturar algún hueso. 

Sin embargo también fue sobre todo muy criticado porque susurraba sonoramente mientras tocaba y se escuchaban sus murmullos sobre la música con toda clase de vocalizaciones. Decía que la música hay que cantarla siempre, porque cómo puede un músico tocar algo y transmitirlo si él mismo no lo siente primero. Y en eso tenía razón, pero claro, la cuestión es que hay que cantar a través del instrumento y no con él.



Pero la más famosa de sus excentricidades fue la silla que le servía para sentarse al piano. Utilizó la misma durante toda su vida. Una sencilla silla de madera plegable a la que su padre le había recortado las patas y que hacía que adoptase una postura extraña, agachada semifetal, con el teclado a la altura casi de la nariz.

No podía tocar sin su silla, daba igual que en conciertos, en ensayos, en grabaciones, o en cualquier parte. Hasta el punto de que era como si formase parte de él mismo. Es un comportamiento típico que mostraba algunos de sus traumas psicológicos, aunque realmente yo creo que casi todos los músicos siempre tenemos algo de maniáticos con nuestros instrumentos, ciertamente en su caso fue llevado hasta los extremos.

La silla de Glenn Gould está expuesta en el museo de Canadá de Toronto y ha quedado ya para la posteridad junto a su recuerdo y sus grabaciones. Aunque está hecha polvo, sin cojín y con un montón de apaños, al final duró más que él mismo. Porque entre unas cosas y otras, su salud no era muy buena. Tenía frecuentes dolores de cabeza y padecía de hipertensión, se automedicaba, tomando toda clase de pastillas sin control, y todo eso le llevó al momento de sufrir un infarto cerebral que le paralizó medio cuerpo.


Ingresó en el hospital y en menos de una semana su estado se deterioró tanto que le provocó daños irreparables en el cerebro y prácticamente una muerte clínica acabando tan solo con un hilo de vida artificial conectado a una máquina respiradora.
Al ver que no había ninguna posibilidad, su padre dio la conformidad para desconectarlo y finalmente murió justo cuando acababa de cumplir los 50 años, el 4 de octubre de 1982.

Ese final trágico junto con una vida solitaria y sus problemas paranoicos fue lo que forjó la leyenda de este gran pianista que murió poco después de terminar de grabar las variaciones Goldberg de J.S.Bach. Una música y una interpretación que llegan al alma.

Aquí lo podemos ver. Merece la pena realmente
Video Variaciones Goldberg J.S.Bach por Glenn Gould 1980


Saludos
Diego