Adónde van las almas penitentes ...?

El conjunto de la misa sermón del día de difuntos que tuvimos en la Mezquita-Catedral de Córdoba mientras sonaba la música del Requiem de Mozart, son capaces de despertar un montón de dudas existenciales.

¿Qué pasa después de la muerte? ... Quedará algo de nuestro ser ? , el alma ?, el espíritu ?, o nos convertiremos en polvo disolviéndonos sin remedio, carcomidos por los gusanos porque no hay nada más ?

Desde que el primer hombre prehistórico se diera cuenta de que él mismo algún día iba a morir y se acabaría su existencia, se puso a dilucidar sobre si realmente la muerte significa el fin o había algo más después, creando todo tipo de mitos, supersticiones, creencias y dando forma a las diferentes religiones, cuyo principal cometido es dar respuesta a esa pregunta.

Hay realmente algo más...?, o es sólo que seguramente en el fondo, un mecanismo de defensa se activa en nuestra conciencia egoista y vanidosa, diciéndonos que no es posible acabar así la vida porque somos tan perfectos que no podemos tener un final así de simple.

Sitios propensos para espíritus y fantasmas


Esa pregunta sobre nuestro final forma parte de la humanidad y está intrínseca a nuestro ser. Y ahora, precisamente somos especialmente propensos a desarrollar todos estos temas cuando llegan estas fechas, por las tradiciones que vienen desde las celebraciones célticas por el fin de las cosechas y las preparaciones para el invierno que acabaron en el día de todos los difuntos, el Halloween de ahora y demás conmemoraciones.

Posteriormente, la iglesia católica se inventó el día 2 de noviembre para dedicarlo a las almas en pena. Es decir, tenemos un alma o espíritu que después de la muerte va a ir a algún otro sitio definitivo. La religión, por supuesto no define el fin de nuestra existencia con la muerte, sino que acabaremos en un lugar bueno o malo, en función del comportamiento que hayamos tenido en la vida.

Un Juez superior decidirá adónde vamos, los buenos al Paraiso, los malos al Infierno. Pero siempre habrá una última opción para que los que iban a ir al infierno, todavía tengan la oportunidad de salvarse, arrepintiéndose y reflexionando en el Purgatorio.

En este sitio del Purgatorio acaban todos los que por uno u otro motivo no han sido lo suficientemente buenos, pero tampoco tan malos, o los que por ignorancia, dejadez o sin que fuese su voluntad, no han podido seguir todos los rituales religiosos necesarios para ser aceptados en el Paraiso. Aquí redimen sus penas, suspiran y padecen durante más o menos tiempo suplicios y lamentos.

Pero para su suerte, no están sólos. Las almas en pena que pululan por el Purgatorio esperando una absolución que las lleve al Paraiso, tienen la ayuda desde el mundo de los vivos cuando nos acordamos de ellas en las Misas de difuntos. Incluso en la noche de ánimas, del 1 al 2 de noviembre, tienen la opción de "contactar" con los espíritus vivientes en forma de fantasmas.
Por esto esa noche tiene especial trascendencia también en leyendas, mitos y demás historias que mezclan a los muertos con los vivos, creando esa especie de continuidad que alimenta la esperanza en las respuestas a la muerte.

El Cristianismo y demás religiones derivadas abordan todos estos temas de manera más o menos similar y al final la opción del Purgatorio parece buena, ya que incluso hasta el más aférrimo no-creyente podría acabar allí con la esperanza de que su alma fuese a un lugar mejor.